Un mal día

Hace unos días un amigo me comentaba una reflexión que le transmitía su jefe, que a su vez le transmitió otro jefe: los días malos existen, pero cuando llegas a casa, ya está; el día ha terminado. Ya pasó.

La reflexión es simple y sencilla, pero no siempre pasamos página tan fácilmente.

En más de una ocasión tenemos un maaaaaaaaal día en el trabajo que nos hace pensar en mandarlo… ¡¡muy lejos!! Esta línea de pensamientos puede hacer que se tome una decisión definitiva: dejar ese trabajo.

Pero… ¿cómo hemos llegado tan lejos por un mal día? Ese día ya ha terminado. Pasemos página. El día siguiente no tiene por qué ser así.

Sin embargo, es lícito preguntarse hasta dónde aplica esta “regla”. Como se dice habitualmente, un día malo lo tiene cualquiera. ¿Pero qué actitud debe adoptarse cuando los días malos ocurren “diariamente”? ¿Puede un trabajador que sufre mobbing pensar tan fácilmente que el día ha terminado? Ciertamente tiene que haber un límite para los días malos.

Bad day

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